Sobre la democracia y la necesidad de políticas de reforma del aparato estatal

Publicado el Octubre 4, 2007 por Dinero y Negocios

A partir del siguiente texto que destaca un pensamiento del Ministro de Hacienda, César Barreto, expuesto en un evento organizado por la Fundación Desarrollo en Democracia: “Sostiene que en democracia no hay gobiernos que puedan realizar reformas profundas, porque todo se discute, a diferencia de las dictaduras en donde al que está en el poder no le importa mucho lo que digan”. (Extractado del diario ABC Color del 24 de agosto de 2007, Pág. 18; se publicó bajo el título “Barreto es partidario de hacer las reformas gradualmente”). Se aclara que las comillas son del CEPPRO. 

Cabe aceptar que la formulación presentada así por el periodista refleja el pensamiento del ministro Barreto expuesto en la oportunidad. Fundamentalmente significa atribuir a la democracia como sistema de gobierno y de convivencia social, un carácter limitativo para la aplicación de políticas de reforma de fondo del aparato estatal.

  

Más allá de quien es el emisor circunstancial de las referidas expresiones y del hecho de que éstas probablemente hayan pasado desapercibidas para gran parte de los lectores del diario, es muy pertinente rescatarlas para llamar la atención sobre un aspecto central de la problemática del país que afecta hondamente su desarrollo: el rol del aparato estatal y su contexto político. Se entiende que, en el Paraguay actual, un rol adecuado del aparato estatal supone reformas en su estructura y funcionamiento orientadas a dotarlo de eficiencia y eficacia, lo que a su vez requiere decisiones políticas.

 

Por cierto, no es la primera vez que se manifiesta el pensamiento enfocado críticamente en este artículo. En diversas ocasiones otras personas ya lo hicieron, señalando particularmente el caso de Chile gobernado por el Gral. Pinochet como contundente ejemplo de que las condiciones propias de una dictadura son las que permiten las transformaciones importantes que dan viabilidad a un proceso de desarrollo.

 

En este sentido, y sin perjuicio de reconocer los logros tanto como los costos de la experiencia chilena, cabe preguntarse si el verdadero freno de los aludidos procesos de reforma - independientemente de las ventajas y desventajas relativas a su mayor o menor gradualidad - se halla en el sistema democrático en sí, esto es, en sus connotaciones básicas, entre las que están la posibilidad de discutir criterios y puntos de vista en materia de políticas públicas.

 

¿Es razonable atribuir el problema en cuestión a la democracia, soslayando sobre todo las implicancias negativas de la manera de hacer política y de ejercer la función pública en países subdesarrollados como el Paraguay, donde los actores políticos dan prioridad a sus intereses sectarios?

 

¿Acaso las trabas contra las reformas de fondo del aparato estatal no se deben en gran medida a la falta de convicciones respecto de su orientación fundamental y/o a la falta de voluntad política para llevarlas adelante, a la falta de definiciones claras en materia de programas de gobierno y/o a la falta de firmeza en la toma de decisiones consecuentes, antes que a un atributo del sistema democrático?

 

¿Y acaso no cabe reconocer que éste se ve siempre distorsionado, así como las mencionadas razones se ven a su vez condicionadas o determinadas, por la preeminencia de los aludidos intereses creados en el manejo de la cosa pública?

 

El debate serio y sensato acerca de políticas públicas aplicables, no debería verse como obstáculo para avanzar decididamente en un proceso de reformas radicales de un aparato estatal caracterizado por la ineficiencia, la ineficacia y una amplia corrupción.

 

En la perspectiva del CEPPRO, no es la democracia la que limita dicho proceso de reformas. El problema radica, en realidad, en la ausencia de verdaderos políticos, aquellos que con una visión clara de las cosas y del norte correspondiente, sean capaces de actuar primordialmente en función del interés general, es decir, de arbitrar con la debida racionalidad y ética la multiplicidad de intereses existentes en una sociedad democrática.

 

Cómo lograr que ellos surjan y prevalezcan dado el contexto actual, que no sale de la inercia de un círculo vicioso que se proyecta indefinidamente hacia el futuro (también por culpa de una ciudadanía que en sentido estricto no es tal, constituyendo masas de población que por gozar de ventajas o por resignación tienden al “status quo”), es el desafío que afrontan quienes, como desde el CEPPRO, quieren contribuir a lograr ese cambio sustancial.

 

Que no sea que el fracaso en este sentido conduzca finalmente a que un cada vez mayor segmento de la población vea una mejor alternativa en una dictadura.

Material facilitado por el Centro Paraguayo para la Promoción de la Libertad Económica y de la Justicia Social (Ceppro)

ceppro@ceppro.org.py

www.ceppro.org.py

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