Una macroeconómica que no convence a la economía de “bolsillo”

Publicado el Agosto 1, 2007 por Dinero y Negocios

Después de 17 años de iniciado el proceso de democratización más prolongado en la historia independiente del Paraguay, mucho piensan que en lo económico el principal logro alcanzado hasta ahora está en la política macroeconómica. Muchos están convencidos de que ¡la macro está bien, el problema es que la misma aún no llega al bolsillo de la gente! Una percepción equivocada pues la macroeconomía no sólo no está bien, sino que es uno de los  factores determinantes de la falta de reactivación de la economía paraguaya, del escaso ahorro interno y la absoluta dependencia del país del crédito externo para la inversión. 

 La economía paraguaya se desenvuelve en la actualidad en medio de una enorme y paralizante contradicción: la creencia que comparten sectores empresariales, expertos y formadores de opinión pública y, por supuesto, los hacedores de política económica, de que en Paraguay ¡la macro está bien, pero la misma aún no llega al bolsillo de la gente! Una creencia en la que se conjugan una “exitosa” política macroeconómica con la realidad diaria de millones de personas que se debaten entre la subocupación, el desempleo y la pobreza. En esta ecuación hay, sin dudas, algo que no está bien y eso no puede ser otra cosa que la política macroeconómica. No se puede sostener, con la seriedad de un riguroso análisis, en un país con los problemas sociales y económicos que tiene el Paraguay, que la política macroeconómica está bien. El objetivo de este artículo es contribuir, con información y nuestro análisis de la economía paraguaya, a la discusión sobre la política macroeconómica que el país necesita no sólo para mantener un necesario equilibrio macroeconómico, sino también para resolver los problemas más acuciantes de la economía paraguaya, esto es, las enormes dificultades de la misma para crecer y generar empleo de calidad.   

Una política económica equivocada

 Aquí mostramos que, contrario a lo que muchos creen, la política macroeconómica implementada hasta ahora en el país ha sido equivocada, pues la misma no responde ni a las necesidades ni a la realidad económica y social del país, y en la práctica tiene un objetivo muy limitado: el control del menor de los males que tiene la economía paraguaya, la inflación. Aunque por su parte el componente fiscal de la política macroeconómica muestra avances recaudatorios importantes, el ingreso que generan estas recaudaciones es claramente insuficiente para resolver los agudos problemas económicos y sociales del país. La inversión pública financiada con recursos del estado es muy pequeña y el gasto social es tan exiguo y disperso que es ilógico pensar que la política fiscal pueda por sí sola resolver los problemas fundamentales de la sociedad paraguaya. Cuando en Paraguay se habla de buenos resultados macroeconómicos obtenidos hasta ahora, se tiene en mente los avances observados en el control de la inflación, el aumento de las reservas monetarias y el equilibrio de las cuentas fiscales.  Resultados que ciertamente se han logrado, si comparamos las cifras observadas en el período Enero 1990 - Junio 2006. En efecto, como se aprecia en Gráfico anexo 1, a fines del período, comparado con el inicio del mismo, las reservas internacionales se incrementaron significativamente, la inflación se redujo a menos de un tercio y, después de un largo período con cuentas fiscales deficitarias, en los últimos tres años se logró revertir esa situación. Así las cosas, y desde este restringido punto de vista,  lo logrado por las políticas macroeconómicas fue  todo un éxito. 

La economía de “bolsillo”

 Si miramos la economía desde el “bolsillo” de la gente notamos claramente que las cosas no están bien en el Paraguay. El 40.9 % de la población económicamente activa del país tiene problemas de empleoEn 2005, más de un millón de personas integradas en el mercado laboral tuvieron problemas laborales; 270 mil personas estaban desocupadas y casi 900 mil personas no trabajaban todo lo que estaban dispuestas a trabajar (subocupados visibles) o no ganaban lo suficiente para vivir decentemente (subocupados invisibles) Los problemas observados en el mercado del trabajo tuvieron una fuerte repercusión en el ingreso de las personas. En términos reales, el ingreso personal disminuyó en el período 1997-2004 casi un 14% (equivalente a 626 millones de dólares). En Paraguay, casi la totalidad del ingreso de las personas es ingreso laboral. En 2004, el 91% del ingreso que recibieron las personas fue ingreso laboral (86% proveniente de la actividad primaria o secundaria y el 4.7% ingreso de pensiones y jubilaciones). El 6.1% del ingreso provino de la ayuda de familiares y el 2.8% fue ingreso no laboral. En consecuencia, el deterioro de la calidad del empleo repercute directamente en el ingreso personal. Como se aprecia en Gráfico anexo 3, en el período 1997-2004 el ingreso personal real disminuyó a una tasa promedio anual de poco más del 2%, con lo cual en el período el ingreso personal real, esto es, el ingreso medido en guaraníes constantes de diciembre de 2003, disminuyó casi un 14% (equivalente a 626 millones de dólares de diciembre de 2003). Los distintos gobiernos democráticos han implementado, y continúan implementando, programas de todo tipo para mejorar las condiciones de vida de los habitantes de las áreas rurales y así contener una hasta ahora incontenible migración rural – urbana. Los resultados han sido poco satisfactorios, pues la migración del campo a la ciudad continúa en forma inexorable. En el período censal 1992-2002, la tasa promedio de crecimiento anual de la población urbana cuadruplicó a la tasa de crecimiento de la población rural, situación que se explica, no por una mayor tasa de nacimientos urbanos, sino por la migración en referencia.  La migración rural-urbana ha intensificado la pobreza urbana.  La migración rural-urbana no es más que una respuesta a las pocas oportunidades laborales y a la falta de servicios públicos que existen en el campo y que los numerosos programas de apoyo público no han podido resolver. Con ello, el pobre rural se desplaza a la ciudad en busca de las oportunidades que no tiene en el campo, una ciudad que tampoco es capaz de proveer mejores oportunidades laborales, pero sí mejor acceso a servicios públicos. Como resultado, los pobres migran a las ciudades donde no resuelven sus problemas laborales y pasan a engrosar una creciente población de pobres urbanos y contribuyen a la saturación de los limitados servicios públicos que ofrecen las ciudades. En la actualidad la pobreza total urbana supera en casi un 40% (más de 500 mil personas) a la pobreza total rural, la cual ha retrocedido, no porque hayan mejorado las condiciones de vida para los habitantes del campo, sino por la expulsión de los mismos a las ciudades. Así vistas las cosas, es innegable que la economía paraguaya es una economía en problema. En lo esencial, la economía del país tiene problemas para crecer, es poco competitiva, muy informal y poco productiva. El producto interno bruto per cápita, medido en guaraníes constantes de 1994, disminuyó en el período 1990-2005 a una tasa promedio anual de 0,55%; con lo cual, el PIB real por habitante en 16 años de transición democrática cayó 8.3%. El mayor crecimiento observado en el gobierno del Presidente Duarte Frutos no es más que el efecto “rebote” de una economía que cayó en una de sus más profundas recesiones históricas en el período del Presidente González Machi (1999-2003), período en el que el PIB per cápita cayó en términos reales a una tasa promedio anual del 2.26%.El escaso crecimiento observado se dio en sectores menos ligados al resto de la economía, acrecentando con ello la desigualdad de los ingresos de la población 

Seguimos dependiendo del agro

 El único sector que realmente creció en el período fue el sector primario, el cual incrementó su participación en el PIB en cinco puntos porcentuales. El resto de los sectores disminuyó su participación Creció en participación el sector más desligado del resto de la economía. En 2004, por cada dólar generado como valor agregado bruto, el sector primario utilizaba sólo 0,43 dólares del resto de la economía, el sector transformación 2,55 dólares y el sector servicios 0,62 dólares.El sector primario no sólo es el menos ligado, sino que es además el sector que genera menos ingresos tributarios directos. En 2005, el sector primario, a pesar de producir más del 25 por ciento del PIB, generó sólo el 2,4 por ciento del impuesto total a la renta. El resto de los sectores, los cuales producen el 75% del PIB, generaron el 97 por ciento del mismo impuesto. Aunque en los últimos años, específicamente a partir de 2000, el tipo de cambio efectivo real comenzó a mejorar, y con lo cual, en teoría, mejoró la competitividad del país, el déficit del balance comercial no se resolvió favorablemente. Por el contrario, en 2005 el déficit registrado de la cuenta corriente llegó a 1.563 millones de dólares, el mayor déficit registrado desde 1998. Es decir, por muy favorables que se presenten en términos cambiarios las condiciones externas para el país, las empresas paraguayas no están en condiciones de aprovechar tales ventajas competitivas.

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