Blindaje económico: ¿será posible?
Publicado el Agosto 1, 2007 por Dinero y Negocios
En las actuales condiciones políticas y económicas del Paraguay pensar en “blindar” la economía paraguaya está fuera del alcance político institucional del país. Si bien el sector empresarial confía en que la actividad partidaría no tendrá incidencia en la disciplina económica, el país carece de las instituciones que permitan garantizar el establecimiento de un régimen económica-financiero que aseguren una estabilidad macroeconómica y genere al mismo tiempo un incremento de la productividad económica.
Por Nelson Aguilera-Alfred, Ph.D Blindaje Económico es el término que han estado usando distintos representantes de las organizaciones gremiales para solicitar al gobierno que aplique medidas en materia económica y financiera que eviten, ante la cruenta campaña electoral en la que están involucrados los distintos partidos políticos y sus representantes, que se pierda lo avanzado en materia macro-económica en el Paraguay. ¿Cómo lograr evitar que la enorme ebullición del país en lo político mantenga los márgenes de estabilidad macroeconómica logrados hasta ahora? Aquí es que surgen dudas sobre la posibilidad y racionalidad de establecer un blindaje económico en el país. En Paraguay los procesos políticos y económicos carecen de sus propios cauces y ambos procesos tienen vías comunicantes que los contaminan. La contaminación política de la economía paraguaya es un problema que se refleja en la falta de elementos que anclen la economía. Tres de los principales factores de anclaje de la economía paraguaya carecen de la fuerza institucional suficiente para blindar la economía de la injerencia de los problemas políticos que subyacen la proximidad de una elección presidencial. El primero de estos factores, el MERCOSUR, como acuerdo aduanero que tuvo una racionalidad en términos de comercio e inversión, pero expresa o veladamente, tuvo también el propósito de estructurar reformas económicas orientadas a proteger economías hiper-inflacionarias, altamente endeudas y en proceso de apertura, como las economías argentinas y brasileras, ha terminado, en la práctica, atando las manos de los gobiernos democráticos sucesivos para implementar políticas de apertura comercial amplias y ajustadas a la realidad paraguaya. Lo cual ha determinado que el país no haya podido proyectarse de manera más flexible en la economía mundial. Evidentemente un gobierno dispuesto podría repudiar el acuerdo, pero los costos serían tan monumentales que no sería difícil que lo disuadieran de tal iniciativa. Otra de las anclas de la economía debería ser el Banco Central del Paraguay, sin embargo, serios problemas de gestión institucional y malas decisiones de política no permitieron que el BCP ganara la credibilidad necesaria para constituirse en un regulador independiente de la economía paraguaya. En Paraguaya ha sido costumbre contar con la complicidad de la Banca Central para apuntalar estrategias de gasto que sesgan los dados a favor del gobierno. Por último, la Suprema Corte, el otro jugador y contrapeso importante de la economía, tampoco ha gozado de la independencia necesaria para dar seguridad la seguridad jurídica que el país y su economía necesitan para garantizar el retorno a las inversiones, legitimidad y formalidad a los negocios.
La pregunta que nos hacemos hoy, con miras al 2008, es cuan preparados están las mencionadas posibles anclas de la economía, esto es, el MERCOSUR, el Banco Central del Paraguay y la Corte Suprema de Justicia, para aguantar los vendavales que permitan sostener un equilibrio de las cuentas macroeconómicas del Paraguay, especialmente, sostener cuentas fiscales superavitarias, inflación baja y reservas internacionales elevadas. Ciertamente, no es difícil que éstas trabajen correctamente cuando el Ministerio de Hacienda o el Banco Central del Paraguay sean instituciones que estén encabezadas por personas que entienden los mercados y la absoluta necesidad de la disciplina para ganar credibilidad y la batalla a la inflación. Pero, ¿si en lugar de ortodoxos tuviéramos heterodoxos?, ¿si seguimos sin acuerdos en lo más básico, en unos cuantos puntos que definan un piso en materia de política económica (como podría ser la disciplina fiscal)? La ausencia de acuerdos en esos básicos expone a la economía paraguaya a los riesgos de un golpe de timón. En este sentido, el BCP y la Corte Suprema siguen siendo instituciones extremadamente vulnerables a los embates políticos, como también lo son por la erosión sistemática que sufre nuestra productividad. Si la apuesta es a la estabilidad a secas ¡cuidado!, la estabilidad es indispensable pero no da para comer y en la medida en que no se perciban sus beneficios, los llamados al golpe de timón y a la intervención política sobre los fundamentos macroeconómicos se acentuarán. Nuestras anclas, nuestras instituciones económicas por más fuertes que sean, podrían sucumbir ante las tentaciones de soluciones gratuitas que sólo nos dejarían peor. Así, creemos que pensar en un “blindaje” económico en el país está lejos de las posibilidades y el alcance del país, con lo que la petición de los gremios empresariales no deja de ser nada más que un “pensar con el deseo”.
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